miércoles, 1 de febrero de 2017

SEMANA 12

¿CÓMO DEL CURSO?: MÉTODO

1. ORGANIZACIÓN CURRICULAR DEL MÉTODO

2. EL COLECTIVO DE AÑO: CÉLULA ORGANIZATIVA DEL PROCESO DOCENTE 
    UNIVERSITARIO

3. VÍNCULO PEDAGÓGICO MAESTRO - ALUMNO

4. LA ENSEÑANZA Y EN FOQUE COGNITIVO

5. APRENDIZAJE BASADO EN METAS. TEORÍA DEL APRENDIZAJE PARA 
    TRANSFORMAR LA PRÁCTICA EDUCATIVA


RESUMEN DE CLASE

VÍNCULO PEDAGÓGICO MAESTRO – ALUMNO

Ejercer la docencia universitaria cuya finalidad sea la de formar alumnos libres en una sociedad plural y compleja como es la nuestra, es un reto que debe plantearse quienes se dedican a esta noble actividad. Para lograrlo, claro está que se deben asumir ciertas funciones, tales como:

  • Ser experto en un área de conocimiento
  • Ser reflexivo
  • Ser motivador
  • Ser modelo ejemplar de conducta



La competencia que el docente demuestre en el dominio de su materia, el saber aplicar ésta a las necesidades del alumno y transmitir coherencia entre lo que dice y lo que hace, es lo único que le confiere autoridad entre sus alumnos.

Pero la docencia, como arte de enseñar no es fácil de adquirir, requiere ciertas cualidades que no todos poseemos, hay que ser un fino observador y conocedor del espíritu humano para poder penetrar en el alumno y poder demostrarle lo que pretendemos conozca de la materia que se está a cargo. Quizás las autoridades universitarias hayan descuidado estos aspectos y se han preocupado más por la tarea de investigar y, como sabemos, no siempre el mejor investigador es el mejor docente. Hay que, pues, reparar esta deficiencia en el ámbito de la enseñanza. Ya muchas veces hemos escuchado la falta de verdaderos maestros.

Entonces, lo que se pretende es que el docente pueda crear un nuevo tipo de relación con el alumno. Todos sabemos del tipo de relación que habitualmente ha creado el binomio profesor-alumno. En esta relación el profesor es quien manda y el alumno es quien obedece. Esta no es una relación entre iguales, es una relación de jerarquía, de dependencia, muchas veces de sumisión.

¿Cómo debe ser el vínculo maestro – alumno en las universidades?

Dice Olegario G. de Cardedal (1985): “El hombre es verdaderamente hombre por lo que es y por lo que puede llegar a ser desde la relación con otros y desde el ensanchamiento que de ellos puede recibir. Su existencia real es fruto de su conocimiento, acción y elección, pero sobre todo lo que la relación con los demás le ha hecho posible, ya que la capacidad receptiva es más enriquecedora que su capacidad activa y dominativa. Ser persona es posible sólo como resultado de otro ser personal; ser hombre sólo es posible como resultado del conocimiento, amor, apoyo, palabra, memoria y esperanza que otros humanos nos han ofrecido. El hombre es, por tanto, esencialmente una relación”

Esta preciosa reflexión, nos tiene que hacer replantear la relación con los alumnos desde una doble perspectiva: personal y profesional – educativa; teniendo siempre en cuenta que cada persona, en este caso cada alumno, posee unos valores y una identidad distinta a otra, lo que hace que la labor educativa opte por la personalización. También llamada Pedagogía del Diálogo (Jiménez, 1995) que respeta al alumno, le hace partícipe en su propio aprendizaje, recorren juntos, profesor – alumno, los caminos que conducen al conocimiento.

Pero para que exista el diálogo, previamente tiene que darse el encuentro. El encuentro es entre iguales (la persona del profesor y del alumno), suscita el mutuo conocimiento y facilita el diálogo. Los docentes son los responsables de que los jóvenes adquieran la facultad de la creatividad para poder encontrarse con aquellos conocimientos. Y para eso es necesario que la relación profesor – alumno se transforme profundamente en beneficio a propiciar ese encuentro creativo que no solamente beneficia al alumno, sino que también enriquece al profesor. Este debería de hacer un ejercicio de lo que podríamos llamar “humildad intelectual” para que se pueda producir ese encuentro con el alumno.

En cuanto a la relación personal docente – alumno, el docente ha de conseguir un conocimiento suficiente de cada uno de sus alumnos para evitar prejuzgarlos. Hay que tener en cuenta que la “persona no es lo que hace”. Su comportamiento, sus actitudes, etc; son una consecuencia de todo el dinamismo que hay dentro de ella, así que cuando se juzga a un alumno por algo parcial del mismo, no es un juicio justo, no es un conocimiento real de él. Hay, por lo tanto, que tratar de comprender, penetrar, descubrir a la “persona” en cada momento, pues la labor del docente, del buen docente, no finaliza cuando acaba la clase, ni su relación con el alumno está mediatizada por la materia que explica, esa relación debe ir más allá del aula.

Si cada persona es una individualidad, es decir, única y singular, se ha de comprender a cada alumno por sí mismo, no en relación a la idea que se tenga de él, no comparativamente con otros alumnos, sino por sí mismo. Se ha de aprender a mirar y a  observar – conocer – a los alumnos, a cada uno en concreto, con mirada renovada, sin tener en cuenta las nociones antiguas que sobre él se haya adquirido, de esta manera se podrá descubrir nuevas cosas. Y esto por dos razones:

  • Porque en las personas siempre han existido cosas que nos han pasado desapercibidas, fijándonos más en otros aspectos.
  • Porque todos estamos cambiando constantemente.

Otro aspecto a tener en cuenta en la relación personal con el alumno, es la aceptación de la “diferencia”. Es obvio que no hay una persona igual a otra. Pero no es la diferencia lo que nos une, es la humildad, la aceptación del otro porque enriquece la humanidad, la engrandece, le hace tolerante y abierta. Esa diferencia, vista así, ya no produce enfrentamiento, ya no permite protegerse o defenderse del otro. Estamos acostumbrados a que los demás sean de una forma determinada. Esa pretensión se tiene que revisar, matizarla… para salvar la personalidad y la libertad del alumno.

Fuente: Mirales, R. (1998). El docente universitario y su relación con el alumno en una enseñanza humanista y de calidad. Escuela abierta. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2161871.pdf

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