¿EL CURSO COMO PROBLEMA?
1. EL PROBLEMA DE LA DIDÁCTICA EN LA FORMACIÓN PROFESIONAL DOCENTE
2. DEMANDA DE FORMACIÓN TÉCNICA PROESIONAL
RESUMEN DE CLASE
Enseñar es una actividad
deliberada que no garantiza necesariamente el aprendizaje. Probablemente la
mayor parte de lo que aprendemos, lo hacemos sin darnos cuenta (Pozo, 1996);
esto sucede no sólo con los hábitos sociales y otros conocimientos prácticos
propios de la vida cotidiana, sino también con todo lo que se refiere a la
sociedad, la interpretación del medio y el espacio o la imagen que vamos
construyendo del pasado. El aprendizaje implícito se adquiere inconscientemente
al socializarnos, al comunicarnos con los demás y participar de los mensajes e
informaciones que proporcionan los medios. Este aprendizaje produce
conocimiento implícito con el que desarrollamos teorías (también implícitas)
muy difíciles de verbalizar pero que influyen de manera muy importante en la
forma de entender y explicar cuanto nos rodea.
La tradición positivista
aprendida en la práctica
La idea de cómo enseñar se
basa siempre en una determinada concepción del aprendizaje. Puede haber
enseñanza sin aprendizaje, de la misma manera que existe aprendizaje sin enseñanza.
La mayoría de las personas, incluidos los docentes, tienen una idea formada de
en qué consiste enseñar. Esta es la principal razón por la que resulta difícil
modificar las tradiciones o rutinas docentes: se tiende a reproducir más o
menos conscientemente aquello que en su día se ha aprendido en las aulas, no
sólo los contenidos, sino sobre todo la manera de enseñar. Muchas personas
tienen una idea bastante definida de qué conocimientos deben aprender los
estudiantes y, por tanto, de cuáles deben ser enseñados. El conocimiento
implícito sobre educación ha generado estereotipos, basados en el recuerdo de
experiencias escolares de la infancia y en el supuesto "sentido
común" que gozan de amplio respaldo social. Así, la representación social
sobre la historia que se debe enseñar y aprender, se basa en la idea de que en
que en las aulas se debe transmitir la verdad objetiva de lo que realmente ha
ocurrido en el pasado, y de que el conocimiento histórico debe prescindir de
cualquier tipo de subjetividad: que se puede lograr un conocimiento exacto y
objetivo a partir de los datos recogidos fielmente en los escritos que se han conservado
de otras épocas. De ahí la sacralización del documento como prueba empírica de
la objetividad histórica.
Una nueva cultura del aprendizaje:
aprender la profesión de profesor
El profesorado que ha asumido
la necesidad de adoptar nuevas estrategias educativas se enfrenta habitualmente
a resistencias e incomprensión social. Cada vez que se propone orientar la
enseñanza de alguna ciencia hacia la reflexión y el conocimiento de los
problemas que nos afectan colectivamente se suceden las críticas amplificadas
por los medios, reclamando la "buena y vieja historia de siempre", la
de Felipe II y Lepanto. También se expresa indignación porque los alumnos ahora
no aprenden nada porque nada se les enseña: ya no memorizan, como antaño, los
nombres de ríos, lagos, o los afluentes del Amazonas por la izquierda. Y lo
peor es que este tipo de prejuicios se instala también entre los responsables
de la educación.
Entre muchos docentes existe la
convicción de que son necesarios nuevos aprendizajes, porque la sociedad actual
es muy diferente a la de generaciones anteriores, pero deben enfrentarse a la
resistencia social a admitir cambios en el modelo. Algo se ha avanzado: se han
formulado competencias básicas para orientar la enseñanza obligatoria en
numerosos países, incluido el nuestro. Nuevos aprendizajes implican otras
formas de enseñar, y para poder enseñar de una manera diferente es necesario
que los docentes tomen conciencia de sus propias teorías implícitas sobre la
enseñanza, el aprendizaje y el conocimiento del área que enseñan. Convertir en objeto de
reflexión los instrumentos que intervienen en el proceso de enseñanza que
habitualmente no se cuestionan.
Ser docente es una profesión
que requiere un aprendizaje reflexivo (Schön, 1983) para obtener resultados que
se plasmen en la práctica profesional. Es necesario aprender a ser profesor, de
la misma manera que es necesario aprender a ser médico o electricista. Los
mejores resultados en cualquier profesión se logran con aprendizaje explícito y
la ayuda más o menos directa de otros profesionales. Es decir, no se consideraría
un buen músico al que interpreta un único concierto durante toda su vida.
Tampoco al que trate de componer un concierto para piano sin sentarse jamás al
teclado. La teoría y la práctica deben ser inseparables para la formación de
los mejores profesionales.
Es necesario conocer las
disciplinas de referencia
Al acabar las licenciaturas
correspondientes en sus respectivas facultades, los egresados suelen tener una
formación bastante especializada en un campo específico de conocimientos
(Geografía, Historia del Arte, Historia Contemporánea...). Aquellos que deseen
dedicarse a la enseñanza deberán completar esa formación con conocimientos
básicos no incluidos en su titulación.
Pero no basta con conocer las
disciplinas
Un docente debe poseer
conocimientos básicos, pero sólidos, de su especialidad. Pero para enseñar no
basta con conocer las disciplinas. Es necesario aprender a enseñarlas. Y esta
competencia no se puede aprender en abstracto. No es lo mismo enseñar historia
que física, y aunque existan obvios puntos en común en todos los procesos de
enseñanza y aprendizaje, las diferencias son notables.
Todos los docentes deben
adquirir una buena fundamentación teórica de cómo se producen los procesos de
aprendizaje. La psicología cognitiva ha investigado estos procesos desde hace
casi un siglo, con rigor y seriedad, y no se debe ignorar sus aportaciones,
aunque como cualquier conocimiento científico es siempre provisional, y no
dogmas revelados. Trabajos pioneros como los de Piaget o Vygotski, han
cimentado unos principios sobre los que se asientan las mejores pautas
educativas actuales: pocos profesores imaginan ya al alumnado como
"páginas en blanco" sobre las que "escribir" conocimientos
acabados que debe memorizar y repetir; por el contrario, hoy es casi un lugar
común concebir el aprendizaje como un proceso dialéctico en el que se
confrontan las ideas, opiniones y estereotipos previos y los nuevos datos o
argumentos racionales, y que la mayoría de las personas modificamos nuestros
puntos de vista cuando nos resultan de alguna utilidad y ayudan a explicar la
realidad de manera más eficiente que nuestras posiciones de partida.
Fuente:
López, R. Universidad de
Santiago de Compostela. Recuperado de http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:QrPQzHHpBpMJ:www.ub.edu/histodidactica/index.
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