miércoles, 1 de febrero de 2017

SEMANA 10

¿EL CURSO COMO PROBLEMA?

1. EL PROBLEMA DE LA DIDÁCTICA EN LA FORMACIÓN PROFESIONAL DOCENTE

2. DEMANDA DE FORMACIÓN TÉCNICA PROESIONAL


RESUMEN DE CLASE

Enseñar es una actividad deliberada que no garantiza necesariamente el aprendizaje. Probablemente la mayor parte de lo que aprendemos, lo hacemos sin darnos cuenta (Pozo, 1996); esto sucede no sólo con los hábitos sociales y otros conocimientos prácticos propios de la vida cotidiana, sino también con todo lo que se refiere a la sociedad, la interpretación del medio y el espacio o la imagen que vamos construyendo del pasado. El aprendizaje implícito se adquiere inconscientemente al socializarnos, al comunicarnos con los demás y participar de los mensajes e informaciones que proporcionan los medios. Este aprendizaje produce conocimiento implícito con el que desarrollamos teorías (también implícitas) muy difíciles de verbalizar pero que influyen de manera muy importante en la forma de entender y explicar cuanto nos rodea.

La tradición positivista aprendida en la práctica

La idea de cómo enseñar se basa siempre en una determinada concepción del aprendizaje. Puede haber enseñanza sin aprendizaje, de la misma manera que existe aprendizaje sin enseñanza. La mayoría de las personas, incluidos los docentes, tienen una idea formada de en qué consiste enseñar. Esta es la principal razón por la que resulta difícil modificar las tradiciones o rutinas docentes: se tiende a reproducir más o menos conscientemente aquello que en su día se ha aprendido en las aulas, no sólo los contenidos, sino sobre todo la manera de enseñar. Muchas personas tienen una idea bastante definida de qué conocimientos deben aprender los estudiantes y, por tanto, de cuáles deben ser enseñados. El conocimiento implícito sobre educación ha generado estereotipos, basados en el recuerdo de experiencias escolares de la infancia y en el supuesto "sentido común" que gozan de amplio respaldo social. Así, la representación social sobre la historia que se debe enseñar y aprender, se basa en la idea de que en que en las aulas se debe transmitir la verdad objetiva de lo que realmente ha ocurrido en el pasado, y de que el conocimiento histórico debe prescindir de cualquier tipo de subjetividad: que se puede lograr un conocimiento exacto y objetivo a partir de los datos recogidos fielmente en los escritos que se han conservado de otras épocas. De ahí la sacralización del documento como prueba empírica de la objetividad histórica.


Una nueva cultura del aprendizaje: aprender la profesión de profesor

El profesorado que ha asumido la necesidad de adoptar nuevas estrategias educativas se enfrenta habitualmente a resistencias e incomprensión social. Cada vez que se propone orientar la enseñanza de alguna ciencia hacia la reflexión y el conocimiento de los problemas que nos afectan colectivamente se suceden las críticas amplificadas por los medios, reclamando la "buena y vieja historia de siempre", la de Felipe II y Lepanto. También se expresa indignación porque los alumnos ahora no aprenden nada porque nada se les enseña: ya no memorizan, como antaño, los nombres de ríos, lagos, o los afluentes del Amazonas por la izquierda. Y lo peor es que este tipo de prejuicios se instala también entre los responsables de la educación.

Entre muchos docentes existe la convicción de que son necesarios nuevos aprendizajes, porque la sociedad actual es muy diferente a la de generaciones anteriores, pero deben enfrentarse a la resistencia social a admitir cambios en el modelo. Algo se ha avanzado: se han formulado competencias básicas para orientar la enseñanza obligatoria en numerosos países, incluido el nuestro. Nuevos aprendizajes implican otras formas de enseñar, y para poder enseñar de una manera diferente es necesario que los docentes tomen conciencia de sus propias teorías implícitas sobre la enseñanza, el aprendizaje y el conocimiento  del área que enseñan. Convertir en objeto de reflexión los instrumentos que intervienen en el proceso de enseñanza que habitualmente no se cuestionan.

Ser docente es una profesión que requiere un aprendizaje reflexivo (Schön, 1983) para obtener resultados que se plasmen en la práctica profesional. Es necesario aprender a ser profesor, de la misma manera que es necesario aprender a ser médico o electricista. Los mejores resultados en cualquier profesión se logran con aprendizaje explícito y la ayuda más o menos directa de otros profesionales. Es decir, no se consideraría un buen músico al que interpreta un único concierto durante toda su vida. Tampoco al que trate de componer un concierto para piano sin sentarse jamás al teclado. La teoría y la práctica deben ser inseparables para la formación de los mejores profesionales.

Es necesario conocer las disciplinas de referencia

Al acabar las licenciaturas correspondientes en sus respectivas facultades, los egresados suelen tener una formación bastante especializada en un campo específico de conocimientos (Geografía, Historia del Arte, Historia Contemporánea...). Aquellos que deseen dedicarse a la enseñanza deberán completar esa formación con conocimientos básicos no incluidos en su titulación.

Pero no basta con conocer las disciplinas

Un docente debe poseer conocimientos básicos, pero sólidos, de su especialidad. Pero para enseñar no basta con conocer las disciplinas. Es necesario aprender a enseñarlas. Y esta competencia no se puede aprender en abstracto. No es lo mismo enseñar historia que física, y aunque existan obvios puntos en común en todos los procesos de enseñanza y aprendizaje, las diferencias son notables.

Todos los docentes deben adquirir una buena fundamentación teórica de cómo se producen los procesos de aprendizaje. La psicología cognitiva ha investigado estos procesos desde hace casi un siglo, con rigor y seriedad, y no se debe ignorar sus aportaciones, aunque como cualquier conocimiento científico es siempre provisional, y no dogmas revelados. Trabajos pioneros como los de Piaget o Vygotski, han cimentado unos principios sobre los que se asientan las mejores pautas educativas actuales: pocos profesores imaginan ya al alumnado como "páginas en blanco" sobre las que "escribir" conocimientos acabados que debe memorizar y repetir; por el contrario, hoy es casi un lugar común concebir el aprendizaje como un proceso dialéctico en el que se confrontan las ideas, opiniones y estereotipos previos y los nuevos datos o argumentos racionales, y que la mayoría de las personas modificamos nuestros puntos de vista cuando nos resultan de alguna utilidad y ayudan a explicar la realidad de manera más eficiente que nuestras posiciones de partida.

Fuente:

López, R. Universidad de Santiago de Compostela. Recuperado de http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:QrPQzHHpBpMJ:www.ub.edu/histodidactica/index.

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